EDITORIAL: Peces atrapados

SPRINGFIELD, Tenn. (BP) -- "Porque el hombre tampoco conoce su tiempo: como peces atrapados en la red traicionera, y como aves apresadas en la trampa, así son atrapados los hijos de los hombres en el tiempo malo cuando éste cae de repente sobre ellos." Eclesiastés 9:12

¿Hombres atrapados como peces en una red traicionera? La pesca de arrastre por redes es una de las más dañinas a los ecosistemas de todos los mares del mundo. Barcos con sus grandes redes capturan todo tipo de peces rastreando el fondo marino no importando su tamaño, forma o especie. Estos quedan atrapados en redes de las que es casi imposible escapar. En las redes, los peces y crustáceos quedan atrapados y heridos.

Posteriormente, estos barcos pesqueros seleccionan el pescado y devuelven aquellos que son muy pequeños o que no pueden comercializar. En este proceso, muchos peces mueren antes de ser puestos nuevamente en el mar. Es una de las formas de pesca más indiscriminada por la manera de captura de los peces en redes traicioneras.

El mundo también lanza sus redes para atrapar el corazón del hombre. Busca captar su atención y poco a poco intenta sucumbirlo en un mar de preocupaciones, estrés y afanes. Con distintas cosas, estas nos atraen y separan de las cosas importantes y eternas. Creyentes están envueltos en redes invisibles que los mantienen distraídos de la misión de Dios. Muchas veces, alejados, ocupados en cosas temporales y desorientados malgastamos el precioso regalo del tiempo.

El tiempo es un recurso valiosísimo cuando lo usamos de acuerdo al plan de Dios. Efesios 5:16 nos recuerda que debemos aprovechar bien el tiempo, porque los días son malos. Hoy cristianos están enredados en múltiples redes que el mundo pone a nuestro alrededor. El tiempo es vida. Carl Sandberg dijo, "El tiempo es la moneda de tu vida. Es la única moneda que tienes y solamente tú puedes determinar cómo será usada. Ten cuidado que otros la usen por ti."

Nuestro tiempo es este mundo es limitado. Breve. Se va muy rápido. Es por esto que debemos evaluar muy bien la manera en que lo usamos. Su uso puede ser una inversión o simplemente un malgaste. Escucho a creyentes decir no tener tiempo para el discipulado y la evangelización. Su tiempo devocional está bajo el ataque de las presiones y los afanes de este mundo. Parecen no tener tiempo para las cosas que son importantes para Dios. Tener tiempo es el resultado de prioridades refinadas. Es beneficioso examinar lo que hacemos a la luz de lo que Dios quiere que hagamos en este mundo.

La Biblia enseña que todo tiene su tiempo. El discípulo de Cristo debe evaluar frecuentemente la manera en que usa su tiempo. Un amigo sugiere que esta evaluación la debemos hacer de forma similar a cuando vamos a un optometrista para hacernos un examen de la vista. Uso lentes para leer. Cada año me hago un examen de la vista para evaluar si la fórmula de mis lentes es la adecuada. Durante la visita, el especialista pone un cartel con letras que debo leer a través de varios tipos de lentes de aumento. Este me pregunta si con cada opción veo más claro o turbio. En base a este análisis, el especialista determina la fórmula que necesito.

Usted y yo debemos determinar lo que cuenta y es prioritario para nosotros. Si Dios es importante para nuestra vida, sacaremos tiempo para hacer lo que debemos hacer.

Controle su horario. Nuestra agenda del día dice mucho acerca de nuestras prioridades. Todos tenemos 24 horas al día, 168 horas a la semana y 8.760 horas por año. La forma de sacar más provecho al tiempo no es tratando de excavar más tiempo de nuestro calendario. Más bien es sacando provecho a lo que debemos hacer y eliminando actividades innecesarias o cosas que no nos ayudan. Limite su tiempo viendo la televisión. Apague por un tiempo la radio. Controle el tiempo de ver noticias. Ponga límites a su tiempo en las redes sociales. Estos mecanismos de mantenernos informados, muchas veces, se convierten en redes que nos atrapan y absorben gran parte del precioso tiempo que disponemos. Por el contrario, lea. Cultive su aprendizaje.

¿Cómo saber si estamos como un pez atrapado por uno de estos mecanismos? He aquí algunas ideas: Si no tiene tiempo para hacer las cosas que son importantes para Dios, está en una zona riesgosa. Si pasa más tiempo en las redes sociales que hablando con las personas está atrapado. Si al levantarse lo primero que consulta es su Facebook en vez del Todopoderoso, está confundido. Si pasa más tiempo frente a la televisión que haciendo cosas productivas está distraído. Si su vida de oración está seca y siente que no tiene tiempo para hablar con Dios, está cautivo. Si no hay tiempo para leer y estudiar las Escrituras, estamos atrapados. Piense en ahorrar tiempo. Cada acción tiene cierta consecuencia -- a menudo varias consecuencias. Organice su horario. 

Este mundo es a veces como una red de pesca que busca llevarse por delante a todos aquellos que puede. Administre bien su tiempo. No deje que otros lo administren por usted. Use sus tres horas mágicas.

La idea de Hyrum W. Smith, el creador del Franklin Day Planner, sugiere que todos encontremos un período mágico de tres horas cada día cuando haya menos interrupción. La propuesta es usar ese tiempo para pensar, leer, escribir, y entrar en contacto con Dios. Para Hyrum, sus tres horas mágicas eran entre 5 y 8 a.m. Para otros, este tiempo puede ser entre las 10 p.m. y 1 a.m. Muchos podrían escoger entre 8 a.m. y 11 a.m. La idea es identificar tiempos clave de alta producción.

Algo con lo que debemos luchar cada día es el distinguir entre lo urgente y lo eterno. El presidente Dwight Eisenhower dijo, "Las cosas urgentes muy pocas veces son importantes y las cosas importantes muy pocas veces son urgentes." Separe tiempo cada día - para tratar con lo eterno. Para mantener un enfoque claro entre aquellas cosas que nos urgen y lo primordial se requiere cuidado y evaluación constante.

Finalmente, tome precauciones contra el agotamiento. En otras palabras, cuídese. Descanse y recargue sus baterías cada cierto tiempo. El agotamiento viene como resultado de trabajar muchas horas, lidiando con numerosas presiones y tratando de satisfacer demasiadas expectativas. Esto resulta en fatiga física, mental, emocional y espiritual. Si el agotamiento no es atendido, el discípulo de Cristo puede desarrollar serios problemas físicos y, finalmente, abandonar el ministerio.

Un mentor a quien aprecio enormemente me dio este consejo hace varios años: "Cuida tu salud espiritual, física y mental. Eso es tu responsabilidad." Debemos cuidar y trabajar en estas tres esferas. Tome vacaciones. Aprenda a delegar. Nadie, fuera de Dios, es indispensable.

Moisés tuvo que aprender de su suegro Jetro, la importancia de permitir a otras personas asumir algunas responsabilidades. Algunas veces nuestras falsas expectativas personales limitan el facilitar ministerios a otros. Busque apoyo. Un grupo de amigos cercanos puede ayudarle a lidiar con las presiones y frustraciones antes que se vuelvan abrumadoras. 

Ande sabiamente y evite vivir como pez atrapado o como ave apresada en las trampas de este mundo.

Luís R. Lopez es Director de Misiones Asociado, Obra Étnica en la Asociación Bautista del Condado Robertson en Springfield, Tenn.
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