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Oración ayuda a pareja a confrontar paganismo y desamparo
May 9, 2014
Por Ivy O'Neill
Baptist Press

SOUTHEAST ASIA (BP) -- Gabriela Alsina no sabía qué esperar cuando llegó al Sudeste de Asia, pero ella sí sabía esto: cada etapa de su viaje había sido envuelta en una oración contestada.

Cuando Gabriela y su esposo Mario fueron invitados a un viaje al Sudeste de Asia para que consideraran abrazar una etnia no alcanzada, ellos sintieron que Dios quería que fueran.

"Señor, queremos ir," oraron ellos, "pero no sabemos cómo vamos a hacerlo."

"Comenzamos a ver la provisión de Dios," dijo su esposo. "Ya habíamos decidido hacer el viaje, aunque no teníamos los recursos. Cuando vimos la manera en la que Dios estaba proveyendo, fue una confirmación para nosotros. Y teníamos a la iglesia unida a nosotros en ayuno y oración, y el Señor tuvo cuidado de todo, todo, todo."

Con los recursos provistos, los dos llegaron al sudeste de Asia junto con un equipo de pastores hispanos como parte de la iniciativa Abracemos de la Junta de Misiones Internacionales. A través de Abracemos, las iglesias hacen un compromiso a largo plazo para abrazar una etnia que no conoce una estrategia de plantación de iglesias entre ellos y que es menos de 2 por ciento evangélica.

Lo que Gabriela Alsina descubrió durante su viaje la sorprendió.

"Llegamos uno o dos días después de un festejo para sus dioses," dijo Gabriela. "Había muchas pequeñas casitas… con ofrendas sobre ellas para sus dioses. Fue un choque para mí y dije: 'Señor, ¿cómo puedo lidiar con todo este paganismo?' Llegó a mí como un choque el darme cuenta que en este país muchas personas viven de esta manera -- perdidos."

Mientras caminaba por el área, fue sorprendida por la manera en la que la gente tan abiertamente hacía ofrendas a los ídolos.

"Fue como: '¿Qué puedo hacer?'" dijo. "No puedo hacer ninguna otra cosa más que orar y compartir."

Gabriela oró.

El equipo fue a un pequeño pueblo a varias horas de la ciudad principal a la que habían volado. Estaban allí para darles seguimiento a visitas anteriores, para entrenar y bautizar personas que anteriormente habían profesado la fe.

Mientras los pastores enseñaban, Gabriela se sentó entre las mujeres. Se aferraron a ella, y ella apretadamente les sujetaba las manos. El corazón de Gabriela, dijo ella, estaba cargado por lo que veía.

"Pude ver tristeza en sus ojos," dijo. "Pude ver angustia en sus ojos... Me agarraban de la mano como pidiendo ayuda. Y es como [Pedro] dijo: 'No tengo nada que darte, pero lo que tengo te doy,' Y solamente pude orar por ellas."

Fui de una en una en el pequeño cuarto y le dijo a cada mujer: "¿Cuál es tu necesidad?" preguntaba.

"Mis ojos," dijo una mujer.

"¿Puedo orar por ti?" preguntó Gabriela.

"Sí, quiero que ore por mí," replicó la mujer. Las otras oyeron y comenzaron a compartir sus necesidades.

"Me duelen los ojos, y no puedo oír muy bien," dijo una. Otra habló fuertemente pidiendo que orara por su presión alta.

Gabriela se puso de pie, su diminuta figura no era mucho más alta que la de las mujeres sentadas a su alrededor. Su voz se levantó más alta que el sonido de inclusive los niños que jugaban afuera, y le presentó las peticiones de ellas a Dios.

"Cuando oré por una," dijo Gabriela, "el resto comenzó a levantar las manos para que yo pudiera orar por ellas. Podía sentir al Espíritu Santo trabajando en ellas."

La voz se le quebró por la emoción cuando continuó orando por las mujeres.

"El Espíritu Santo está trabajando," dijo. "Hemos plantado la semilla y sabemos que la semilla no volverá sin fruto. Solo oro para que esos corazones sean buena tierra que produzca el fruto que el Señor desea."

Cuando el equipo dejó el pequeño pueblo, Gabriela dejó un pedazo de su corazón detrás. "[Dios] me ha mostrado que hay mujeres en necesidad," dijo, "mujeres que necesitan a Cristo, mujeres que necesitan mis oraciones, mujeres que necesitan a alguien a su lado porque nadie está orando por ellas."

Alsina no sabe cuando Dios le va a dar la oportunidad de regresar a ver a esas mujeres de nuevo, pero sí sabe lo que va a hacer mientras tanto: orar.
--30--
Ivy O'Neill escribe para la Junta de Misiones Internacionales con base en el Sudeste de Asia. Para obtener más historias específicas de Asia, visite http://www.commissionstories.com/asia/.



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Gabriela Alsina y su esposo Mario acompañaron a un grupo de pastores hispanos a un remoto pueblo en el Sudeste de Asia para esparcir el evangelio. Gabriela (derecha) oró individualmente por varias mujeres a medida que ellas pedían ayuda. Photo Foto de Thomas Graham/IMB

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Gabriela Alsina y su esposo Mario acompañaron a un grupo de pastores hispanos a un remoto pueblo en el Sudeste de Asia para esparcir el evangelio. Gabriela (derecha) oró individualmente por varias mujeres a medida que ellas pedían ayuda. Photo Foto de Thomas Graham/IMB
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