April 18, 2014
   
   
Orar por los gobernantes

Posted on Oct 13, 2006 | Por Judith Rojas

NOTA DEL EDITOR: Este artículo se publicó primero en la revista Nuestra Tarea, tirada de noviembre/diciembre 2004. Publicado de nuevo y editado, presenta verdades sobre las responsabilidades del creyente cristiano en las elecciones estatales y nacionales que se acercan.

BIRMINGHAM, Ala. (BP)--Dios nos ha bendecido doblemente en que vivimos en un país cuyos gobernantes han favorecido al cristianismo y han permitido la libre propagación del evangelio. Y algunos dicen que es nuestra obligación orar para que el próximo presidente y los gobernantes de esta nación sean personas, al igual que David, conforme al corazón de Dios (véase Hechos 18:22).

Pero ¿qué tenemos nosotros que ver con los gobernantes? ¿Acaso no dice la Biblia que nuestra ciudadanía está en los cielos? Sí, es cierto, pero también es verdad que aún nos encontramos en la tierra. Mientras estemos aquí tenemos que vivir en conformidad con las ordenanzas dadas en la Escritura.

Ahora es el tiempo para que nos reunamos como hermanos en nuestras iglesias. Que integremos grupos de oración para pedir específicamente por los nuevos gobernantes que regirán a este país. Es necesario que hagamos una lista de las necesidades más urgentes de la nación, y hagamos de ella una prioridad.

La oración no es tan sólo pedir y recibir, sino que también agradecer, adorar y alabar al Señor y Dios. Existen dos partes activas en la oración: Dios y nosotros. La oración es tanto humana como divina.

Cada pedido, cada deseo de nuestro corazón y cada necesidad debe empezar con la oración, buscando primero conocer la voluntad de Dios para nuestra vida. El Señor Jesucristo, quien ahora mora en cada creyente a través de su Santo Espíritu, intercede en el cielo por nosotros; por lo tanto, podemos acercarnos confiadamente al Padre para presentarle nuestras peticiones (Efesios 3:11–12; Hebreos 4:16).

SEGUIR ORANDO

Dios siempre está en el proceso de contestar las plegarias, pero existe un elemento vital que la mayoría de las personas pasan por alto, y es la constancia en la oración. Tal vez vemos que no sucede nada, pero la demora entre lo que pedimos y cuándo lo recibimos no significa que Dios no esté contestando nuestras peticiones.

La Escritura enseña que oremos “sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17; véanse Lucas 18:1; Efesios 6:18). Unámonos como un cuerpo de creyentes en el vínculo de amor de Cristo, con el propósito común de participar seriamente en el destino de nuestra nación y del mundo. Intercedamos ante el trono de gracia por los futuros gobernantes.

PRIMERO LA RELACIÓN

Hay varias cosas esenciales para cualquier cristiano que genuinamente desea interceder a favor de otros. Si queremos convertirnos en intercesores poderosos, debemos aprender a confiar en Dios en cuanto a nuestra relación con El. Abraham es un ejemplo. Cuando Dios le dijo que abandonara su tierra, su familia y la casa de su padre, no vaciló, sino que confió en Dios y le obedeció de inmediato (Génesis 12:1–4; Hebreos 11:8).

En 2 Crónicas 20:7, Isaías 41:8 y Santiago 2:23, se refiere a Abraham como amigo de Dios. Pudo decirse esto del patriarca porque pasaba tiempo con Dios. Una de las verdades fundamentales que necesitamos entender respecto a la oración es que primero debemos tener compañerismo con Dios. No podemos esperar que el Señor responda a nuestras oraciones si no lo conocemos. Por lo tanto, si nuestra mayor anhelo es conocer a Cristo, nos encontramos en el camino correcto para convertirnos en intercesores.

Dios ciertamente no tiene obligación de revelarle su voluntad a nadie; sin embargo, se deleita en hacerlo con los que han fomentado una relación con El (véase Salmo 25:14). El profeta Jeremías sabía esta verdad. Dios le dijo: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3). Si deseamos ser intercesores, debemos buscar a Cristo como nuestra prioridad.

Daniel, uno de los profetas de Dios, fue también un hombre de oración. Dice la Biblia que sus oraciones hacían que el propio infierno temblara, enfureciendo al diablo. Esto lo comprobamos en el comienzo de su ministerio, cuando estaba bajo las órdenes de Nabucodonosor y buscó a Dios en oración y El le reveló lo que humanamente parecía imposible. Daniel es un ejemplo para nosotros de cuán importante es que oremos durante los tiempos de crisis; y ningún tiempo es más crucial que éste.

Algo más que tenemos que aprender para fomentar una relación genuina con Dios es conocer su carácter. Comprender su carácter es saber que debemos orar por esas cosas que están en conformidad con su voluntad. En la Biblia, encontramos todo lo que agrada al Señor al igual que las cosas que estamos obligados a hacer como creyentes. Una de ellas es este consejo del apóstol Pablo: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres” (1 Timoteo 2:1). Hacer rogativas implica orar con un corazón sincero, intercediendo y dando gracias a Dios por todos.

POR LOS QUE TIENEN AUTORIDAD

Pablo urge igualmente a que oremos “por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador” (1 Timoteo 2:2–3). Al mencionar a los reyes y a los que están en eminencia, Pablo se refiere a todos los que se encuentran en posiciones de autoridad. Pueden ser los senadores, los diputados, los jueces de las cortes. Pueden ser los alcaldes, los gobernadores o el presidente; en fin, todos aquellos que ejercen algún grado de autoridad. En esta porción de la Escritura encontramos cinco razones importantes para orar por los gobernantes:

-- para poder vivir quieta y reposadamente

-- para que se nos permita vivir en santidad y dignidad

-- porque es bueno y agradable a Dios

-- para que las personas puedan ser salvas (v. 4)

-- para que muchos puedan llegar al conocimiento de la verdad (v. 4)

De Romanos 13:1–5, vemos que todas las autoridades superiores son impuestas por el propio Dios. La Biblia está colmada con textos que nos instan a que oremos por nuestros gobernantes y por todos los que están en posición de autoridad.

Son pocos los cristianos que oran por sus gobernantes. En cambio, muchos los critican por todos los medios posibles. Como cristianos que amamos a Dios y le servimos a través de la iglesia y las organizaciones misioneras, dispongámonos de todo corazón a integrar células de oración en nuestras iglesias, para así, con la ayuda del Señor, hacer la gran diferencia en la nación.

MOTIVOS DE ORACIÓN

¿Qué cosas específicas debemos pedirle a Dios? Muchos de nuestros representantes y senadores son personas como cualquiera de nosotros y realizan un gran sacrificio para servir a la nación. En ocasiones se sienten cansados y no cuentan con el tiempo suficiente para hacer todo lo que desearían. Algunos tienen que trasladarse a otros lugares, lo cual significa que sus hijos deben de cambiar de escuelas y adaptarse a nuevos amigos y un nuevo ambiente. Es por eso que necesitan de nuestras oraciones.

Asimismo, debemos orar por nuestros nuevos líderes gubernamentales, para que Dios les otorgue sabiduría, conocimiento y entendimiento (Santiago 1:5). Otras peticiones serían las siguientes:

-- Que reconozcan su propia insuficiencia y busquen la voluntad de Dios (Proverbios 3:5–8).

-- Que lean la Biblia (Salmo 119:1).

-- Que sean consejeros sabios (Proverbios 24:6).

-- Que sean personas honestas y morales en asuntos financieros (1 Timoteo 6:6–10).

-- Que sean personas de integridad, obedientes, que respeten a sus semejantes (Salmo 25:21).

-- Que Dios los libre del camino del mal y de los hombres malvados (Proverbios 2:12).

-- Que sus corazones y oídos estén atentos al consejo de Dios (Salmo 1:1–2).

-- Que hagan lo que es correcto ante los ojos del Creador (2 Crónicas 20:32).

-- Que nos gobiernen los justos (Proverbios 2:21).

-- Que el presidente y su gabinete pongan en vigor leyes que protejan la familia tradicional, les otorguen facultades a los padres de familia y apoyen las normas bíblicas de justicia y así sean prosperados (2 Crónicas 31:21).

-- Que dispongan su corazón y alma y busquen al Señor (1 Crónicas 22:19a).

-- Que Dios les otorgue un verdadero espíritu de mansedumbre y humildad, cuando tengan que tomar decisiones importantes.

-- Que el presidente esté rodeado de consejeros sabios que tengan comprensión del momento en que estamos viviendo.

-- Que Dios una a la nación y siempre respalde al presidente y a los gobernantes en todas esas decisiones que honren a Dios.

¿OPCIÓN O DEBER?

Tal vez los elegidos no sean ésos con quienes simpatizamos o por quienes votamos; quizá sus acciones no estén en conformidad con nuestros deseos; pero Dios nos dice por medio de su Palabra que oremos, y no hacerlo es ser desobedientes (véase 1 Samuel 12:23).

Crea que Dios puede hacer todas las cosas. Reúnase con otros hermanos como usted y ore por nuestros futuros gobernantes. No hagamos como Elías, quien se refugió en una cueva y dijo: “sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida” (1 Reyes 19:14c). No subestime el poder de la oración; para Dios todas las cosas son posibles (Marcos 10:27). Nuestras plegarias pueden afectar asuntos de importancia en esta nación y en el mundo.

No cese de orar. El orar por los gobiernos le abre la puerta a una proclamación continua del evangelio y a una expansión en nuestro trabajo misionero. Orar por los nuevos gobernantes significa que no sólo en este año, sino también en los años venideros, podremos llevar una vida tranquila, en quietud y paz.

Dios no sólo responde a las plegarias de hermanos o hermanas “importantes,” sino a las de personas comunes y corrientes como nosotros. Tenemos la responsabilidad, la obligación, de intervenir en la vida de otros mediante la oración. Dado el momento en que estamos viviendo, es de importancia vital que oremos por quienes gobiernan esta nación. Que nos convirtamos en verdaderos intercesores. Por lo tanto hagamos un compromiso de corazón y dediquémonos a trabajar fervorosamente en cada una de nuestras iglesias en pro de esta meta. La plegaria intercesora es nuestro privilegio y responsabilidad. Tengamos seriedad al respecto.

El Creador al que amamos y servimos es un Dios de amor. Muchas cosas buenas pueden sucederle a nuestra nación, si nos humillamos y buscamos su rostro, tal como dice su Palabra: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).

Los buenos gobernantes y sus buenas acciones son como fortalezas de bondad y prosperidad.

Gracias, Padre celestial, en este día, por lo que vas a hacer por medio de nuestro gobierno, ya que ellos, como tus representantes aquí en la tierra, alimentarán a los hambrientos, contribuirán a mejorar la salud de los enfermos, impartirán castigo a los inicuos, dictarán leyes y regulaciones que contribuirán a brindarnos una vida mejor, construirán carreteras y redes de comunicación y escuelas para nuestros hijos, lucharán en pro de la libertad y apoyarán la expansión del evangelio.
--30--
Tomado con permiso de Nuestra Tarea (noviembre/diciembre de 2004), revista de misiones y ministerios de WMU.


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