EDITORIAL: Boca floja

SPRINGFIELD, Tenn. (BP) -- En la lápida de una tumba en un cementerio cercano están grabadas las siguientes palabras: "Debajo de esta piedra y un poco de tierra yace María Spencer, quien el 11 de mayo de 1997 comenzó a refrenar su lengua." Se cuenta la historia de un hombre que hablaba tanto que cuando fueron a enterrarle, su esposa sugirió comprar dos urnas, una para su cuerpo y otra para su lengua.

Podemos hablar de más. El diccionario de la lengua española describe a una persona boca floja como una persona indiscreta, que obra sin discreción. ¿Alguna vez se ha preguntado por qué hablamos más de la cuenta? En verdad hay varias razones por la que esto puede suceder. Algunas de ellas son los nervios, la inseguridad personal y el miedo al silencio. Para algunas personas la palabra silencio no existe en su diccionario. No importa el tema que sea, ellos tienen que hacer un comentario al respecto. Tienen que decir algo. Hablan por los codos y en algunos casos terminan arrepintiéndose de muchas de las cosas que dicen. Esta actitud resulta incómoda e impertinente. En otros casos, los boca floja nunca llegan a retractarse. No ponen atención a lo que dicen. Olvidan y no piensan en las consecuencias de sus dichos. Lo cierto es que nuestras palabras importan. Algunos políticos de nuestros días deberían acordarse de esto.

Otra razón por la que a veces hablamos demasiado es por nuestro propio orgullo. La verborrea es la necesidad de manifestarse a través de las palabras. Cuando hablamos llamamos la atención hacia nosotros mismos. Nos convertimos en protagonistas. Somos los autores de las palabras que forman el relato que tratamos de pintar. Pero debemos tener mucho cuidado en abusar de este privilegio. Al hacerlo, tratamos de dominar y controlar el diálogo. Convertimos a los demás en participantes pasivos. Esto puede ser una señal de un trastorno en la personalidad del individuo. Su empleo excesivo de palabras nos deja boquiabiertos.

Proverbios 10:11 nos recuerda que "Manantial de vida es la boca del justo, Pero violencia cubrirá la boca de los impíos." RVR 1960. La boca es la puerta de salida de la mente. Ella se extiende como el canal a través del cual expresamos nuestros pensamientos. Cuando se trata de la boca del justo esta es manantial de vida. Ella es una fuente de la que pueden emanar palabras de edificación, consuelo, consejo y refrigerio. Por otro lado, la boca de los malvados esconde la violencia. Es decir, trama la ruina de su prójimo y la de ellos mismos. Engendra la violencia que recae sobre aquellos que la practican.

La lengua es un pequeño instrumento indomable. Santiago 3:1-12 hace referencia al mal uso que el hombre le ha dado a la lengua. Un pequeño órgano e instrumento que Dios creó tanto para saborear ricos alimentos como para hablar. Dios lo creó con el fin de que pudiéramos alabarle y glorificarle, pero a la vez Satanás lo utiliza para destruir la obra de Dios y para dañar a nuestros semejantes. Es un instrumento que nos domina el impulso y lanza flechas que una vez lanzadas no se pueden devolver. Es un indicador claro y evidente del estado de nuestro corazón.

Mateo 12:34 dice: "¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca." Dicho de otra manera, si la boca critica, es porque el corazón guarda críticas. Si la boca se queja, es porque en el corazón hay quejas. Si la boca habla con enojo, es porque en el corazón hay enojo y/o amargura. Ella revela lo que está dentro.

La meta no es quedarse mudo. Es aprender a domarla. Es que la controlemos y que ella no nos controle a nosotros. Piensa antes de hablar. "El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os dijo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día de juicio." Mateo 12:35-36.

Luís R. Lopez es coordinador de ministerio Hispano en la Asociación Bautista del Condado Robertson en Springfield, Tenn.
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