EDITORIAL: La Creación es de Dios

Por Rudolph D. González, posted Friday, April 04, 2008 (10 years ago)

SAN ANTONIO, Texas (BP)--Sin duda todos hemos oído del debate contemporáneo sobre el supuesto aumento en la temperatura del planeta. Mientras unos científicos—y políticos—insisten que el género humano es la causa principal del aumento en el calor de la tierra, otra parte de la comunidad meteorológica niega que haya tal aumento, o que si lo hay, niega que el hombre pueda tener tal efecto sobre los cambios cíclicos y naturales en el clima.

Lejos de un consenso sobre este asunto, todos corremos el peligro de tomar posiciones reaccionarias o basadas en la intensidad de este debate que no demuestra tener señales de calmarse. Pero aparte del debate, lo que necesitamos como cristianos es ver si Dios tiene algo que decir sobre este asunto. Es una verdadera maravilla abrir la Palabra de Dios y encontrar que él se encaja en los asuntos más dificultosos de nuestros tiempos.

Si bien, este mundo es el lugar de nuestra residencia, sobre todo le pertenece a Dios. Él creo los cielos y la tierra, y el sexto día descansó de toda su obra (Génesis 1). Desde el primer momento vemos una semana increíble de producción, solo para ver su belleza disminuida por la introducción del pecado. Pero la devastación efectuada por nuestra desobediencia (Génesis 3:17-19) no es el fin de la historia, lejos de ello.

La obra redentora de Jesús, nos dice la Biblia, fue cósmica en su alcance. Si, Jesús murió por nosotros en la cruz, pero su sacrificio abarca mucho más, reconciliando todas las cosas a si mismo (Colosenses 1:15-20; cf. Efesios 1:3-10; 1 Corintios 15:27-28). Esto es razonable pues si Dios consideró su obra buena en gran manera (Génesis 1: 31), podrá nuestro pecado revocar la valorización que Dios vio en la obra de sus manos?

Pensemos, ¿redimirá Dios su creación solo para dejarla en su estado presente, o peor, destruirla? En su carta a los Romanos Pablo revela que la creación misma fue sujetada a vanidad, pero no de su propia voluntad (8:20). Aunque no puede ser culpada, la realidad es que sufre las consecuencias de nuestra rebeldía. Pero el apóstol sigue a decir algo sorprendente: la creación (todas las cosas) fue sujetada en esperanza de su propia glorificación junto con nosotros (vv.20-21, 23). Empleando la técnica literaria del antropomorfismo, Pablo hace la creación vivir como si fuera una mujer gimiendo como en dolor de parto, esperando con anhelo ardiente su adopción -- la redención de su cuerpo.

Si, la Biblia enseña que Dios todavía tiene un gran futuro para su maravillosa creación. Tan bella como la es, su estado presente no es su estado final. Pablo, hablando de la gran diferencia entre la existencia presente y la porvenir dice, lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir (1 Corintios 15:35-49). Somos sembrados en corrupción, pero, ¡resucitaremos incorruptibles! La creación también espera la misma herencia incorruptible, incontaminada, e inmarcesible del creyente (1 Pedro 1:3-4).

Pedro hace esto evidentemente claro recordándonos que la iniquidad será desecha de sobre la tierra, y nosotros esperaremos cielos nuevos y tierra nueva (vea 2 Pedro 3; cf. Isaías 24:19-23). La resurrección del cuerpo físico garantiza la renovación completa del polvo del cual hemos sido formados. Esta enseñanza es afirmada en otros textos bíblicos pues la patria celestial que los héroes de la fe anhelaban (Hebreos 11:16), es la nueva Jerusalén que Juan vio descender del cielo a la tierra nueva y glorificada (Apocalipsis 21).

Hay sectas que enseñan el regreso al paraíso del Edén, pero la Biblia no ve hacia atrás con respecto a la redención. Ve hacia adelante hacia un futuro glorioso imposible de imaginarse. En el Edén hubo matrimonio y todavía lo hay, pero en el cielo, no lo habrá (Mateo 22:30). Si, es cierto que muchos detalles no han sido revelados, pero podemos estar seguros que lo que el cielo y la eternidad es incluye la creación por completa. Dios ha declarado, seré enaltecido sobre la tierra (Salmo 46:10), lo cual nos debe hacer pensar.

Como la parábola de talentos (Mateo 25:14-30), este mundo ha sido puesto a nuestro cargo por ahora. Y como recurso que lo es, Dios quiere que aprovechemos las riquezas naturales que contiene para el mejoramiento humano pero nunca con irresponsabilidad o desenfreno; la siguiente generación las necesitará también. Este mundo puede producir sobreabundancia, pero necesitamos pólizas sanas, prudentes, y razonables. Como cristianos, debemos insistir en un proceso que pesa en la balanza la necesidad humana contra el eco-sistema mismo.

Recordemos que tendremos que demostrar un buen regreso en la inversión de Dios. No necesitamos las dictas alarmantes y contradictorias de la comunidad secular para saber que al tomar de la tierra, también tenemos que conservarla. Este mundo sigue siendo de Dios y no nuestro. El lo redimió con la sangre de su Hijo, y un día nos llamará a cuentas.


Rudolph D. González es el decano de la Southwestern Baptist Theological Seminary William R. Marshall Center for Theological Studies, San Antonio, Texas. Estudios hispanos, Southwestern Baptist Theological Seminary: http://www.swbts.edu/hispanicstudies/sp/.

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